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EL EXORCISMO DEL ALBAICÍN, EL PELIGRO DE LOS BRUJOS, MAGOS Y CURANDEROS

Algunos exorcistas judíos ambulantes intentaron también invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, y decían: «Os conjuro por Jesús a quien predica Pablo.»
Eran siete hijos de un tal Esceva, sumo sacerdote judío, los que hacían esto.
Pero el espíritu malo les respondió: «A Jesús le conozco y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?»
Y arrojándose sobre ellos el hombre poseído del mal espíritu, dominó a unos y otros y pudo con ellos de forma que tuvieron que huir de aquella casa desnudos y cubiertos de heridas.
Llegaron a enterarse de esto todos los habitantes de Éfeso, tanto judíos como griegos. El temor se apoderó de todos ellos y fue glorificado el nombre del Señor Jesús.
Muchos de los que habían creído venían a confesar y declarar sus prácticas.
Bastantes de los que habían practicado la magia reunieron los libros y los quemaron delante de todos. Calcularon el precio de los libros y hallaron que subía a 50.000 monedas de plata.
De esta forma la Palabra del Señor crecía y se robustecía poderosamente.

(Hechos de los Apóstoles 19, 13-20)



Este caso de exorcismo fracasado resulta extremadamente interesante porque ha sido largamente documentado en un minucioso trabajo por el médico forense Manuel García Blázquez, del Instituto Anatómico-forense, en su libro "El exorcismo del Albaycín" (ed. Comares, Granada, 1992). En él se recogen detalladamente todos los hechos que rodearon este caso escalofriante.

Todo esto sucedió en el barrio del Albaicín, Granada, España, el 1 de febrero de 1990.

Encarnación Guardia Moreno, contaba con 36 años cuando decidió someterse a un ritual exorcista creyendo que un diablo poseía su cuerpo. Ese ritual le costaría la vida. Encarnación era una joven mujer con dos hijos que había vuelto de Francia tras permanecer allí ocho años. Se alojaba en casa de Josefa Fajardo, otra de las implicadas.

Varios años atrás, en 1985, el primo de la asesinada, José Guardia Alonso, fallece a causa de una leucemia. Tal y como se deduce del testimonio de los implicados y la sentencia del juicio celebrado en 1992, a partir de ese momento comienzan a ocurrir fenómenos extraños en la casa de las familias Guardia y Fajardo. En lugar de orar para pedir a Dios por el eterno descanso del difunto, entran en contacto con espiritistas y curanderos.

La persona encargada de realizar el exorcismo sería un curandero conocido como Mariano Vallejo "El Pastelero" un hombre con fama de violento. En el transcurso del primer ritual celebrado el 15 de enero de 1990, éste dijo que "veía" como un ser demoníaco estaba intentando apoderarse del cuerpo de Encarnación, y la mujer se fue a casa asustada y tan preocupada que no dudó en prestar oídos a las indicaciones de sus dos primas, también aficionadas al espiritismo, para que repitiese la sesión dos semanas más tarde.

Aquella noche fatídica empezó con una invocación espiritista para comunicar con el fallecido José Guardia Alonso. De repente, Encarnación y Enriqueta (una prima de la víctima) rompieron el tenso silencio con bruscos espasmos y muecas: algunos familiares ya fallecidos parecían hablar a través de ellas.

Encarnación se puso entonces a contar que en Francia practicaba sesiones de magia negra y satanismo en medio de orgías y de sexo en grupo. Pensaba que a consecuencia de aquellas orgías Lucifer le había engendrado un hijo que ahora habitaba en sus entrañas.

Una vez más podemos comprobar como la práctica del espiritismo conduce a la posesión. Los espíritus y demonios no pueden entrar sin más en las personas, es necesario abrirles la puerta a través de invocaciones, rituales satánicos, adivinaciones, etc.

Al momento, la expresión de su cara cambió. Articuló nuevas muecas grotescas, se puso a hablar con voz gutural, muy ronca; los pelos de la cabeza se le erizaron como alambres. Comenzó a gritar, a arrastrase arañando el suelo e insultando a los presentes hasta que afirmó ser Satanás, diciendo que nada podrían hacer para echarle de aquel cuerpo.

Enriqueta, que presenció el brutal crimen, asegura que antes de la muerte de Encarnación todos estaban aterrorizados, pues ésta repetía constantemente "presa de un ataque de histeria y gritando como una verdadera poseída que era la esposa de Lucifer, y que iba a engendrar al demonio si no la ayudaban". En cierto momento, su cuerpo quedó tan rígido como una tabla, siendo imposible doblarlo. El "Pastelero" agarró a la mujer por la cabeza y ordenó al Maligno que se fuera, cosa que aparentemente consiguió, pues Encarnación pareció más calmada.

A continuación, y pese a las primeras reticencias de los reunidos, Encarnación les conminó a que le extrajeran aquel mal del vientre, para lo cual debían suministrarle una extraña poción compuesta por 250 gramos de sal diluida en agua, bicarbonato y aceite, lo que le produciría numerosos vómitos y, horas después, la haría entrar en un coma profundo del que no llegaría ya a salir. Después de un buen rato, Encarnación decidió que debían quemar sus ropas y tirar todas las joyas por el retrete, pues estaban embrujadas. Efectivamente, así lo hicieron. La presunta endemoniada se duchó con agua fría y pidió una bata que le prestaron sus primas.

Al tiempo volvía a quedar poseída de una extraña agitación. Cada parte de su cuerpo parecía moverse de forma independiente, sin coordinación ni ritmo. Su vientre se endureció y Encarnación abrió la boca mostrando una larga y gruesa lengua. Después, "el Pastelero" le propinó una brutal paliza, lesionándole todo el cuerpo y arrojándola varias veces contra la pared. Cuando la crisis cesó, tras suministrarle más vasos de agua con sal, se dispusieron a "matar" al demonio. Para ello calentaron una aguja de punto y, mientras le sujetaban las piernas, se dispusieron a introducírsela por la vagina. El informe forense indica que no hubo resistencia ante esta invasión. Cualquier agresión provoca una resistencia que deja unas marcas inequívocas, pero en el caso de Encarnación, el análisis forense indica que no había rastro alguno de oposición, lo que demuestra un total convencimiento de que estaba engendrando al hijo del diablo. El análisis forense posterior indicó que Encarnación no estaba embarazada.

Un fuerte olor a carne quemada, que fue interpretado como una señal de que Satanás había regresado al infierno, inundó la habitación. A continuación se procedió a la expulsión del demonio... destrozando el recto de la poseída con una barra de hierro y desgarrándole con las manos la vagina para extraerle el paquete intestinal, con el propósito de "desprender del interior de su cuerpo el engendro de Satanás".

Josefa Fajardo reconoció en el juicio haber sido la encargada de introducirle la mano por el ano a la víctima y pincharle la vagina con una aguja caldeada al fuego, afirmando que todos ellos habían contribuido a la "expulsión".

A las cuatro de la tarde del día 1 de febrero, al ver que no regresaba a casa, una de sus hermanas acude a buscarla a casa de sus primas, pero una vez allí no la dejan entrar diciéndole que "no debía interrumpir la sesión". La mujer cuenta lo ocurrido a su padre, y ambos acuden otra vez a la casa. Al entrar, y para su sorpresa, encuentran el cuerpo de Encarnación desnudo y amoratado en el suelo en medio de un charco de sangre. Poco antes, Encarnación sufría unas convulsiones terribles, dotada de una fuerza tan desproporcionada que incluso derribó a varios de los presentes. A las siete de la tarde fue llevada al hospital, estaba en coma profundo debido a la gran cantidad de sal ingerida, que le había afectado a su sistema nervioso. A las cuatro de la tarde del 1 de febrero fallecía.

El análisis forense dictaminó que tenía los músculos del cuello aflojados hasta el límite, como si su cabeza girase en redondo 360 grados. Los forenses iban tomando fotografías, tanto en película normal como en instantáneas Polaroid que servirían para avalar los hallazgos del doctor García Blázquez y los otros especialistas. Las diferentes imágenes se fueron depositando sobre una mesa, vueltas hacia abajo para evitar que la luz de los tubos fluorescentes dañara la emulsión. Al terminar el estudio, bien entrada ya la madrugada, se dispusieron a comprobar el resultado obtenido en las instantáneas. Inexplicablemente, la mayoría de éstas aparecían veladas, y las que habían logrado impresionar alguna imagen las mostraban tan borrosas y distorsionadas que no resultaban válidas.

Por fortuna aún quedaban los dos carretes de 36 exposiciones que contenían el material más interesante y que serian revelados al día siguiente.

Pero al igual que los anteriores, éstos amanecieron defectuosos. La filmación de vídeo que se realizó también apareció velada, aunque pruebas posteriores demostraron que la videocámara se encontraba en óptimas condiciones. Se dirigieron nuevamente en compañía de la magistrada encargada del caso al Instituto Anatómico Forense para realizar un nuevo reportaje fotográfico. Pero, una vez más, el material fotográfico apareció velado.

Esta inaudita sucesión de errores se achacó a la iluminación defectuosa.




RESUMEN

El informe forense revela los datos típicos que se dan en los casos de posesión:

La voz gutural, muy ronca, de la poseída, fue atribuida por el forense a un edema encontrado en las cuerdas vocales. El doctor Blázquez afirma en su informe que el edema existía, y no discutimos este punto, pero si es discutible la interpretación, pues este dato puede leerse justamente al revés: quizás el edema fue consecuencia de haber hablado durante horas con esa voz ronca típica de los endemoniados. No existe constancia de que Encarnación hablase con voz ronca antes del exorcismo, lo que podría indicar que el edema se produjo durante esta sesión espiritista.

La víctima tenía un convencimiento total de lo que hacía, pues no hay ningún signo de resistencia por su parte ante la perforación del útero y el recto con una aguja de calcetar. De hecho, ella misma (¿o quizás los demonios que la poseían y querían matarla?) iba indicando al curandero lo que tenía que hacer, hasta finalmente provocar su propia muerte por la ingestión masiva de sal.

Tal como afirma el forense, la fuerza desproporcionada que mostraba Encarnación tiene también una explicación científica, ya que este fenómeno típico de los endemoniados también se produce en casos de drogadicción o embriaguez. Lo que suele suceder en los endemoniados es que se suman todos estos síntomas extraños: fuerza desproporcionada, voz gutural, aparición de personalidades extrañas, etc.

Encarnación tenía una lesión muscular en el cuello debido a una torsión exagerada, como si girase la cabeza en redondo, los forenses estimaron que una lesión así sólo pudo producirse "cuando la víctima era ya cadáver". Esta afirmación resulta verdaderamente sorprendente, pues está demostrado que Encarnación murió en la unidad de cuidados intensivos de un hospital de Granada.

El extraño fenómeno de las fotografías también tiene una lectura dual. Es posible que todo se deba a una sucesión de errores con tres aparatos distintos, dos cámaras fotográficas y una cámara de video. Si preferimos interpretar este hecho a un nivel más espiritual, diríamos que al demonio no le gusta la publicidad. Los exorcismos, profesionales, o aficionados como éste, podrían estimular la fe de algunas personas, y eso es algo que al diablo no le conviene en su lucha constante por condenar las almas al infierno.

El único fenómeno inexplicable para el forense fue el del erizamiento capilar. No se conoce ningún fenómeno que explique que un cabello pueda erizarse hasta quedar rígido como un alambre.

Sin duda, lo más asombroso es el convencimiento general de que todo esto era obra del diablo. Si Encarnación no sufría una auténtica posesión demoníaca, entonces debemos interpretar que sufría un desdoblamiento de la personalidad tan realista como para convencer a todos los familiares y amigos que la "exorcizaron", pues todos ellos, incluída ella misma, estaban convencidos de que efectivamente estaban tratando con el diablo. Los detalles que daba sobre personas fallecidas, sus repentinos cambios de voz, los fenómenos espeluznantes que se sucedían, la ausencia de oposición ante las torturas a las que estaba siendo sometida, no dejan lugar a dudas de que todos creían firmemente que el demonio estaba allí.

Si, por el contrario, aceptamos que se trataba de una verdadera posesión demoníaca, debemos ante todo tener en cuenta un par de cuestiones: la primera es que los exorcismos deben llevarlos a cabo los profesionales autorizados para ello: los exorcistas. En segundo lugar, no hay que olvidar que el demonio es mentiroso. "Es homicida desde el principio... mentiroso y padre de la mentira" dice Jesucristo en San Juan 8, 44. Por consiguiente, no debe extrañarnos que engañe a todo el que pueda para llevarlo a la ruina y a la muerte, en este mundo y en el otro.

La autopsia demostró que Encarnación no estaba embarazada, sin embargo, ella así lo creía desde que había empezado a realizar actos de ocultismo varios años atrás. Y durante la sesión exorcística, el demonio les hizo creer a todos que ella estaba incubando un engendro de Satanás para provocar la realización de un macabro aborto satánico que tendría como consecuencia esta terrible muerte.




"La Iglesia participa a la victoria de Cristo sobre el diablo: porque Cristo ha dado a sus discípulos el poder de arrojar a los demonios. La Iglesia ejercita este victorioso poder mediante la fe en Cristo y en la oración, un poder que en casos específicos se realiza en forma de exorcismo" (Juan Pablo II, 20-VIII-1986).







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