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JESUCRISTO ES EL FUNDADOR DE LA IGLESIA CATÓLICA

La I. C. es una creación directa de Jesús:

Mateo 16, 18-19 Y yo también te digo, que tú eres Pedro (Kefás), y sobre esta piedra (Petra) edificaré mi Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.

Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

Juan 21, 15-16-17 Apacienta mi rebaño (por triplicado)

De esta forma tan explícita y contundente Simón, apodado Pedro por Jesús (Kefás: Piedra, en la lengua aramea original; Petra: Piedra en los Evangelios, escritos en griego), era nombrado Primer Papa por el Mesías. La Iglesia Católica es, por lo tanto, la única legítima, pues sigue manteniendo la línea sucesoria de los apóstoles. ¿A qué viene entonces toda esta masiva proliferación de sectas? Sólo en los EE.UU. existen actualmente unas 27.000 sectas protestantes, en todo el mundo llegan a las 100.000.

Esta es la consecuencia de la libre interpretación de la Biblia propugnada por Lutero. Éste y otros reformadores trataron por todos los medios de deslegitimar a la Iglesia Católica fundada hace 2000 años por el Mesías. Sus argumentos consistían en anteponer la autoridad de la Biblia a la de la Iglesia, olvidando que la Iglesia es anterior a la Biblia. Y que la Biblia fue a su vez elaborada por los cristianos de la Iglesia primitiva que se encargaron de seleccionar sus libros, no por los reformadores protestantes que aparecieron mil quinientos años más tarde. Y olvidan también que la Biblia es el libro sagrado del Catolicismo, en el que se fundamenta la doctrina de la Iglesia.

Este empeño de los primeros reformadores escindidos del catolicismo aún continúa, y las actuales sectas protestantes editan muchas publicaciones en las que su mayor empeño consiste en desacreditar a la Iglesia Católica más que en difundir la fe de Jesús.

Actualmente es común oír ataques a la Iglesia en función de su pasado y también de algunos hechos del presente. Entre los más recurridos están las cruzadas , la Inquisición y una supuesta discriminación hacia las mujeres. Existen otras causas que también se le recriminan a la Iglesia, aunque suelen ser atribuible a personas concretas más que a la Institución religiosa en si misma. Vayamos por partes y analicemos algunas de estas cuestiones.

Las cruzadas hay que enmarcarlas en su contexto histórico. Se iniciaron alrededor del año mil, en plena crisis de histeria colectiva por la supuesta proximidad del fin del mundo. Mucha gente se aprestaba a prepararse para la muerte que ya consideraban muy próxima. Una de las formas de expiación fue la de alistarse en los ejércitos cruzados. Y toda esta gente no veía contradicción entre su fe y la reconquista por las armas de los Santos Lugares como manera de limpiar su alma del mal. En esta época el oficio de las armas era considerado un trabajo digno y decoroso y se animaba a la gente a demostrar su fe por medio de la guerra santa.

Y esto es lo que realmente interesa de estos acontecimientos. LA FE. Si analizamos los hechos, nos encontramos con que era precisa muchísima fe para recorrer varios miles de quilómetros a través de Europa, generalmente a pie, por unos caminos tortuosos infestados de bandidos, para finalmente arriesgar la vida en la conquista de los Santos Lugares. Una vez que esta meta se consiguió y fue instaurado el Reino de Jerusalem, la constante peregrinación de fieles a Palestina durante los doscientos años siguientes fue una nueva prueba de la inmensa fe de las gentes de toda esta época.

La Inquisición nació hace cinco siglos con la finalidad de preservar la ortodoxia religiosa. Cuando llegó la reforma protestante, en Alemania y el norte de Europa, también siguió existiendo, pero con la finalidad de perseguir a los católicos. Las causas de la existencia de la Inquisición en aquella época siguen vigentes en nuestro tiempo. No es raro al abrir un periódico encontrarse con casos de secuestros de niños y adolescentes que aparecen días después muertos y horriblemente mutilados, con signos evidentes de haber sido sometidos a algún rito de tipo satánico.

Y esto ocurre hoy en día, en el siglo XXI, el siglo de la ciencia, de la racionalidad y de las comunicaciones instantáneas. Imaginemos lo que seria en el siglo XV, una época de oscurantismo, de ignorancia y de fanatismo. La brujería estaba mucho más extendida que ahora y no es extraño que la gente reaccionase con virulencia descomedida contra los que suponían agentes del maligno. La Inquisición nació en principio con la finalidad de perseguir este tipo de prácticas. Los sistemas de detención y tortura que empleaba no se diferenciaban en nada de los empleados por las fuerzas policiales de la época, si acaso incluso estaban un poco atemperadas por el matiz religioso de la institución.

Las cifras de víctimas fueron también muy amplificadas por la propaganda antirreligiosa; pero los datos son elocuentes: en los seis siglos de existencia del Santo Oficio en España y sus colonias americanas fueron ejecutadas a manos de esta institución entre mil cuatrocientas y tres mil personas, cuatro veces menos que en la década salvaje en la que estuvo funcionando la guillotina durante el ateo régimen revolucionario prenapoleónico. Si, son datos objetivos. En diez años, la revolución Francesa asesinó a más gente en la guillotina que en los seiscientos años que funcionó la Inquisición en España y Sudamérica. Y eso por no hablar de las infinitas masacres ejecutadas por los regímenes ateos que tanto proliferaron en el siglo XX. Los tres principales: el paganizante régimen nazi de la Alemania hitleriana, el ateo cerril del comunismo staliniano y el brutal régimen maoísta que gobernó en China durante varias décadas tienen en su haber una cifra de cadáveres superior a los noventa millones de personas.

Estos son los principales genocidas de toda la historia. Aunque podríamos hablar de otros menores, aunque, a su escala, mucho más sanguinarios.

Un caso ilustre en la negra historia del genocidio ateo fue el régimen ultracomunista y demencial de Pol Pot, que en unos pocos años exterminó nada menos que a un tercio de la población de la República "popular" de Camboya. Pero de estos datos nadie se acuerda, lo importante es mancillar la imagen de la Iglesia, para mayor gloria de los satanistas.

Por último, mencionar el caso de la supuesta discriminación femenina. Es cierto que no se admite el sacerdocio femenino en la Iglesia. La razón es de tipo dogmático y, por lo tanto, es inamovible: Jesús sólo escogió a apóstoles varones entre sus discípulos, a ninguna mujer llamó a este servicio. Y es evidente que si Jesús -Dios hecho hombre- tomó esta determinación, es porque alguna razón objetivamente justa tendría.

En mi opinión la razón hay que buscarla en la principal diferencia que existe entre el hombre y la mujer: la capacidad reproductora. Las mujeres son las que tienen los hijos, los amamantan durante largos meses y conviven con ellos los primeros años de vida de forma casi continua. Esto, sin duda alguna, produce una relación especialmente estrecha entre la madre y su hijo. Una relación mucho mayor de la que pueda haber entre un padre y ese mismo hijo. Y es en este punto donde hay que recordar las palabras del Mesías:

Mateo 10, 37 El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí;"

Esta es posiblemente, la razón última. Dios no pediría a una madre que abandonase a su hijo. Por lo tanto, la negación del sacerdocio femenino no es una discriminación de la mujer, sino la consecuencia lógica de una diferencia biológica entre ésta y el hombre.

Para concluir, quiero hablar de todo lo positivo que encierra la Iglesia. El hecho de que Jesús fundase la Iglesia debía tener sin duda alguna una finalidad muy importante. Comprobemos cual fue el resultado después de dos mil años. Actualmente, la Iglesia católica es la más numerosa en número de fieles. Más de mil millones de católicos pueblan el mundo. Es también la religión más extendida del planeta. Tiene mayoría absoluta en Europa occidental y en el continente Americano.

Algunos cientos de millones más están dispersos por el resto del mundo.

En estos dos mil años son incontables las almas salvadas gracias al trabajo de los seguidores de los Apóstoles. La propia Iglesia fue un factor esencial en la historia del mundo. Basta con repasar los libros para ver como la cristianización del mundo produjo resultados apreciables en la convivencia humana: moderó los instintos más salvajes que gobernaban a los hombres del mundo clásico, atemperó la dureza de las leyes, expandió el concepto de la misericordia por el prójimo y contribuyó al progreso del conocimiento durante las épocas más oscurantistas de las invasiones premedievales.

Es notable también su labor en el campo social. Hasta la aparición del estado del bienestar, la gente más indigente solo podía contar con la caridad eclesiástica para su sustento, o con la buena voluntad de terceras personas, en gran medida inducidas a la caridad también por la Iglesia. A pesar de todas estas labores ingentes, esta Sagrada Institución tiene muchos enemigos entre la gente que sigue a los ídolos de barro de nuestro tiempo -el placer, el dinero, el egoísmo extremo-; y los que son seguidores explícitos del diablo, los cuales procuran socavar los cimientos de esta Institución con toda clase de calumnias y falsedades a fin de llenar aún más los fosos del abismo.

Para acabar, solo me queda resumir lo dicho: la Iglesia Católica, Apostólica y Romana es la única y legítima Iglesia Verdadera; la única fundada por el mismísimo Jesús sobre los hombros de Pedro, el primer Papa. Es una Iglesia destinada a perdurar hasta el fin de los tiempos, tal como predijo el Mesías ...Y LAS PUERTAS DEL INFIERNO NO PREVALECERÁN CONTRA ELLA...

Es una Iglesia Santa desde su fundación; una Iglesia con sus errores, pues está dirigida por personas humanas, y por lo tanto, imperfectas, pero que fue, es y será la vía más segura para los hombres que deseen alcanzar el prometido Reino de Dios.




EL PROTESTANTISMO FRENTE A LA BIBLIA

Las sectas protestantes suelen mostrar una fijación especial en atacar a la Iglesia Católica. La razón es difícil de determinar; pero es indudable que así sucede. Estas sectas carecen de legitimación histórica y el hecho de la existencia de una Iglesia Universal legitimada por el mismísimo Jesús parece resultarles especialmente molesta. Por ello, no se ahorran esfuerzos en tratar de legitimarse a ellos mismos intentando deslegitimar a la Santa Iglesia de Pedro. Para ello, entre otros, aducen los siguientes argumentos:

Las sectas protestantes

Las imágenes

Aclaraciones para los hermanos separados

El cambio de religión

El sábado o el domingo

Los "hermanos" de Jesús

Jesús fundó una o muchas iglesias

El término "padre" aplicado al sacerdote

¿Confesarse con un hombre?

El Papa, la Biblia y el anticristo

Los santos

El fin del mundo

Las profecías del apocalipsis

La Virgen María

La Virginidad de María

La Virginidad de María en la Biblia

Yahveh o Jehová

El bautismo

El bautismo de los niños

El amor

Los sacerdotes

Los libros de la Biblia

El estudio de la Biblia

La mentalidad bíblica de los católicos y protestantes

El Pan EucarÍstico

La Cruz en el pecho

No hay alimentos prohibidos

La transfusión de sangre

El celibato

La Biblia y la Tradición

Carta a los hermanos separados

Jesús quiso una sola Iglesia

La contribución a la Iglesia

¿Son iguales todas las religiones?

¿Podemos orar por los difuntos?

La identidad católica

La creación del mundo y del hombre

La Iglesia e Internet





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